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EDUCACIÓN O AUTOENGAÑO

Agustín Haya de la Torre

Publicado: 2019-03-14

A raíz de la incontrolada alza anual de matrículas por parte de los colegios privados, un economista ortodoxo recomendaba escoger bien puesto que solo los que cobraban caro brindaban una buena formación. El reputado personaje mataba así varios pájaros de un solo tiro. Para empezar discriminaba a la gran mayoría de la población incapaz de pagar sumas exorbitantes. A renglón seguido alertaba sobre la mala calidad de la educación pública, para terminar sesudamente recomendando que los padres debían hacer todo el esfuerzo posible para educar adecuadamente a sus hijos. 

Así confirmaba la enorme brecha de desigualdad implantada en el país por el sistema oficial, repitiendo la vieja consigna neoliberal de los años noventa, acerca de que la educación gratuita es para los pobres. Con la bandera privatista desplegada carecía de reparo moral alguno para justificar que apenas veinte o treinta colegios particulares podrían considerarse.

El sistema educativo peruano es conocido internacionalmente por su baja calidad. Durante años, pese a los retruécanos de las burocracias, ocupamos el último lugar en las pruebas PISA. De nuestras 150 universidades apenas dos aparecen en los ránkings serios alrededor del puesto dos mil. La técnica también de pésimo nivel, suele esconderse tras una o dos entidades solventes.

El 89% de las escuelas públicas carecen de condiciones adecuadas. Los planes más optimistas remodelarían mil por año. O sea es posible que hacia el 2100 pueda arreglarse el último colegio, cuando los primeros de la lista hayan caído.

El maltrato no proviene solo de las limitaciones presupuestales sino sobre todo de la ideología privatista imperante. A diferencia de buena parte de América Latina, aquí el mercado colonizó los bienes públicos. La educación se convirtió en mercancía, el alumno en cliente, el comerciante en educador y el profesor en vendedor que de la razón a todos.

Además el sesgo “emprendedor” promueve la lucha por la sobrevivencia sin que recurran a los degradados servicios públicos, entonces todo va para peor. La igualdad, componente básico del proyecto republicano y democrático, desaparece como valor. Solo vale lo que el dinero compre, así sea la más completa mediocridad.

Los funcionarios suponen que un desfasado ISO, incluso pasar del sistema de notas vigesimal a otro de cuatro resuelve las cosas.

El ataque frontal a la transmisión de conocimientos denigrando la memoria, confirma que seguimos cavando el hoyo del subdesarrollo.

Mientras no recuperemos la educación basada en el saber que acompañe la calificación de la evolución vital, más el concepto de bien público, ahondaremos la desigualdad y el abismo que nos separa de las sociedades avanzadas.


Escrito por

Agustín Haya

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Blog de ideas democráticas y sociales.